Estomas: qué son, cuáles son sus funciones

Si por un lado la existencia de la epidermis y de la cutícula puede responder a la necesidad que tiene la planta de protegerse contra las excesivas pérdidas de agua por transpiración, por otro lado se debe comprender que ningún vegetal podría vivir con sus órganos absolutamente aislados del medio. Por eso existen en la epidermis aberturas destinadas a intercambiar los gases necesarios a la vida de la planta. Estas aberturas, denominadas estomas, establecen la comunicación entre las zonas profundas del tallo y de la hoja con el exterior.

 Vistos de frente, al microscopio, los estomas se presentan con apariencia reniforme, siendo, no obstante, variables los tipos, conforme a las especies vegetales donde se encuentran. Pueden producirse también pequeñas diferencias de forma en los estomas de una misma hoja.

Teniendo las dos células estomáticas membranas que son espesas en lo interno y delgadas en los lados opuestos, sucede que cuando hay gran coeficiente de humedad, impregnando la superficie foliar o caulinar, las células estomáticas distienden sus membranas y por la diferencia de espesor entre los dos lados de la célula (interior y exterior), el lado exterior toma forma convexa, mientras que el interior se vuelve cóncavo, abriendo de este modo el ostiolo.

Estos mecanismos permiten a la planta regular su economía hídrica, abriéndose los estomas cuando hay turgescencia (motivada por exceso de agua) o cerrándolos cuando es necesario disminuir las pérdidas.
Éste es el tipo general de estoma.

En las gramíneas, las células estomáticas son uniformemente espesas, estando cada célula del es toma dividida en dos partes, casi separadas por un espesamiento de la parte central. Aquí son las partes libres las que se hinchan ocasionando el aplastamiento de las partes espesas, las cuales dan lugar a la formación de una hendidura u ostiolo, de forma más o menos rectangular. También en las Ciperáceas se encuentra normalmente este tipo de estoma.
Las células que constituyen el estoma propiamente dicho se unen siempre a otras menores, epidérmicas, denominadas células anexas, cuyo número varía entre dos o más.

La luz también influye sobre el movimiento de los estomas. En las plantas de suelo fresco, con suficiente provisión de agua para las funciones vitales, los estomas se localizan a nivel de la epidermis, mientras que en las plantas de clima seco, aparte de ser menos numerosos por unidad de superficie, los estomas son menos superficiales y además aparecen protegidos por células anexas desarrolladas o transformadas en pelos o con espesamientos de cutícula a su alrededor.

El fenómeno opuesto ocurre en las plantas que se desarrollan en ambiente siempre húmedo, como las plantas que habitan los bosques en galerías (que bordean ríos o arroyos) debajo de los árboles (subosques). En estas plantas las células anexas producen la elevación de los estomas sobre la epidermis, consti-tuyendo como pequeños pedúnculos.

Existen casos de plantas que pueden vivir sin estomas y sin epidermis, como ocurre en algunos helechos que habitan las selvas umbrosas del Brasil.
La alimentación de las plantas depende siempre del buen funcionamiento de los estomas, ya que la entrada del CO2, sin el cual los fenómenos de fotosíntesis son imposibles, requiere el perfecto funcionamiento del aparato estomático y por esta causa en los climas secos el número de estomas por unidad de superficie vegetal es mayor que en los climas húmedos, pudiendo llegar hasta 700 por milímetro cuadrado, y permitiendo una evaporación que es igual a una superficie idéntica de agua.

Como el cierre de los estomas no puede ser rigurosamente perfecto, las hojas de las plantas sensibles a las alternativas de humedad y sequía disponen de recursos auxiliares para la defensa contra la evaporación excesiva, enrollándose so-bre sí mismas o cerrándose unas contra otras.