Tejidos secretores y tejidos protectores

Secretores

Las células, en sus fenómenos vitales, deben absorber y expeler diversas sustancias, para lo cual constituyen un tejido especializado o tejido secretor, que desempeña importantes papeles en la biología y en la ecología vegetal. Según su localización en las plantas, el tejido secretor puede ser epidérmico o interno.

El epidérmico se encuentra en la epidermis de los pétalos de muchas flores, en la corteza y en las hojas de muchos vegetales, especialmente de aquellos dotados de olores característicos. Las esencias extraídas de los vegetales son secretadas por el tejido secretar epidérmico, también denominado epidermi-glandular. En algunas plantas, tales tejidos se presentan bajo el aspecto de pelos glandulares.

Cuando se localizan en la medula, los tejidos secretores son conocidos por los nombres de tejidos secretores internos, pudiendo estar constituidos por células simples o agrupadas en forma de canales, sacos o bolsas secretoras, común en las hojas y en los frutos del naranjo, y contener esencias oleaginosas. La formación de la bolsa se origina a veces por la desaparición de las membranas intercelulares, dando lugar a la formación de un espacio denominado lisígen.

En otros casos se produce el desprendimiento y separación de las células, dando lugar a la aparición de un espacio intercelular, llamado esquizógeno. En ambos casos las células pasan a secretar sustancias hacia el interior de esos es-pacios. Así se produce la formación de las resinas en el interior de los tallos y hojas de determinadas plantas.

En algunas familias, existen tejidos secretores internos especializados, que recorren todos los órganos vegetales, con el nombre especial de tejidos lacticíferos, porque generalmente contienen un líquido blanco (raramente de otro color), denominado látex, que es una emulsión de agua, gomas, resinas, granos de almidón, ete., semejante a la leche. La función de este tejido aún no está perfectamente esclarecida, debiendo notarse que la industria saca gran provecho de la producción de látex por las plantas, como en el caso del caucho, fabricado con látex extraído del tronco del "árbol del caucho" (Hevea brasiliensis), de la familia de las Euforbiáceas, en la cual la presencia de látex es común a gran número de especies.

Tejidos vegetales de protección 

Como lo indica su nombre, están destinados a la protección de los demás tejidos y constan de una capa de células especiales que cubren todas las partes de un vegetal.

El tejido más simple de protección es la epidermis, que protege las partes nuevas de la planta, pudiendo en algunos casos durar toda la vida del vegetal y en otros ser sustituida por camadas de células dotadas de membranas suberificadas, dando origen al felema.

En general está constituido por células de varias formas, con membrana no muy espesa, sin espacios intercelulares, poco citoplasma, grandes vacuolas y capaces de producir secreciones. La membrana externa recibe el nombre de cutícula por estar recubierta por una capa de materia cuticular (cutina), de naturaleza cerosa, apenas permeable al agua y a algunos gases, y que constituye una óptima protección y refuerzo de la epidermis. La cutícula existe en la epidermis de todas las plantas, excepto en las acuáticas sumergidas, en las cuales impediría la absorción de las soluciones necesarias a las plantas, aisladas directamente del medio líquido.

La forma de las células epidérmicas puede ser rectangular con contornos rectilíneos o con contornos sinuosos; este último sirve para dar mayor resistencia a la epidermis. Algunas veces la membrana epidérmica se presenta fuertemente mineralizada.

La cerosidad observada en el tallo, en las hojas o en los frutos de algunos vegetales, no es más que la cutícula de la epidermis de tales plantas. Puede notarse fácilmente en las uvas, especialmente en las negras, donde se presenta bajo el aspecto de una capa pulverulenta blanca; en las hojas de la palmera brasileña carnauberia (Copernicia cerifera), de gran valor industrial en la explotación de la capa cuticular, conocida por el nombre de cera de carnauba.

La función general de esos revestimientos cuticulares o cerosos consiste en proteger la planta contra las pérdidas de agua por evaporación, siendo común en las xerófitas o de regiones áridas o semiáridas. Sirve también en las plantas de clima húmedo o sujetas a rocíos y heladas, como protección contra la permanencia de agua en las hojas.
 

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