Hortalizas

EL CULTIVO de las plantas hortícolas es económicamente gravoso. Los abonos y el riego son condiciones indispensables para lograr éxito.
En términos generales, la mayoría de las especies que se conocen como hortalizas necesitan sembrarse en almácigas, que consisten en pequeñas fracciones de terreno, perfectamente trabajadas, donde se siembran las semillas de plantas, que requieren cuidados especiales en su primera edad. Cuando adquieren la debida fortaleza, se las trasplanta al lugar definitivo.

 

CULTIVO

Los riegos, con sistematización particular para cada región, deberán efectuarse sin restricción, cuando las condiciones climáticas lo exijan. En muchas zonas el riego reviste carácter permanente.

En lo referente a herramientas, aparte de las generales para otros cultivos, se usan los plantadores, que son simplemente varillas de 20 centímetros de alto aguzadas en un extremo. Haciendo presión en el extremo opuesto, se consigue hacer una pequeña perforación, donde podrá colocarse la hortaliza que arrancamos de la almáciga. Hay máquinas trasplantadoras de funcionamiento simple.

El carro aguatero tiene aplicación en las huertas donde no exista sistema de riegos. Es indispensable además el uso de mochilas o máquinas distribuidoras de sustancias destinadas a combatir las plagas y enfermedades tan comunes en las huertas.

 

FERTILIZANTES PARA HORTALIZAS

 

Si pensamos que año tras año en cada cosecha se extraen de la tierra infinidad de nutrientes y que esta pérdida se pro. duce en forma continuada desde hace años, sin que jamás o muy pocas veces se le restituyan los elementos cedidos, llegaremos a la conclusión de que, a corto plazo, zonas enteras se verán convertidas en áreas estériles. En realidad ya suman millones las hectáreas de tierra que se encuentran agotadas o cansadas, según el decir de los agricultores.

Es que los elementos minerales son absorbidos por las plantas cultivadas, y  nunca más vuelven al lugar originario: la tierra. Las malas prácticas de labranza po. nen en libertad anualmente millones y millones de kilogramos de tierra fina, que los vientos y las aguas arrastran ciegamente, llevándose así muchos kilogramos de calcio, fósforo, nitrógeno, potasio y demás elementos valiosos desde el punto de vista alimenticio.

Con la finalidad de moderar por lo menos estas pérdidas, se aconseja, donde económicamente es posible, el agregado de abonos o fertilizantes.
Entre los abonos orgánicos, el estiércol, las harinas de ciertas semillas, la sangre desecada, etc., son muy recomendados y en general agregan nitrógeno al suelo.

El salitre o nitrato de Chile y el sulfato de amonio, que restituyen al suelo nitrógeno; los superfosfatos y escorias Thomas (subproducto de la elaboración del acero), ricos en fósforo; y el nitrato de potasio, que incorpora potasio, constituyen los abonos inorgánico s más comunes.

Entre los llamados abonos verdes, las especies leguminosas, como ya se dijo, son sumamente recomendadas y obran como abonos completos, pues al descomponerse devuelven al suelo sus elementos constitutivos. La forma y época de aplicación varía y es particular para cada abono.