Elementos meteorológicos del clima

Los elementos principales determinantes del clima (que pueden llamarse factores climáticos) son la temperatura, la humedad (comprendiendo la pluviosidad, nubosidad, etc.) y los vientos (que dependen de las variaciones de presión). Importantes para la vida vegetal son además la luminosidad y la transparencia del aire. La temperatura y la humedad son los factores primordiales, no sólo porque ejercen una poderosa influencia sobre todos los seres vivientes, sino porque de ellos se derivan los agentes que determinan el modelado de la superficie terrestre, incluyendo la descomposición y disgregación de las diversas clases de rocas.

La escasez y a veces el exceso de humedad, lo mismo que las temperaturas demasiado bajas o sumamente elevadas, limitan la dispersión del hombre sobre la superficie terrestre e influyen sensiblemente sobre su género de vida, sus costumbres y su carácter. Compárese el hombre de la taiga rusa con el de los  desiertos arábigos, o el habitante de la selva chaqueña con el del altiplano boliviano; en las regiones muy cálidas y muv lluviosas el hombre sufre los efectos deprimentes del clima; esto explica en parte la indolencia de algunos pobladores del Africa Ecuatorial; el clima cambiante, con veranos e inviernos bien marcados, hacen al hombre previsor, y el clima seco lo obliga en muchos casos a trasladarse de un lugar a otro para buscar alimento para su ganado o para proveerse de los recursos necesarios para seguir viviendo (práctica del nomadismo o de la trashumancia, fruto a veces de la ignorancia, pues muchos pueblos esencialmente nómades, como los kirguises, se han hecho parcialmente sedentarios al adoptar los métodos de vida de los pueblos civilizados).

La vivienda humana varía también de acuerdo con la fluctuación del grado de temperatura y de humedad; la forma de las habitaciones cambia según la importancia de la pluviosidad o la índole de las precipitaciones. Por ejemplo, en países de clima árido es característica la azotea dispuesta de manera que pueda recoger el agua en aljibes. En las regiones nivosas se prefieren los tejados inclinados, que permiten el fácil deslizamiento de la nieve; en las regiones cálidas del Africa se construyen chozas armadas simplemente con troncos y ramas más o menos flexibles, y en lugares muy secos del mismo continente se llegan a emplear bloques de sal para la fabricación de las viviendas; en las regiones polares se utiliza en cambio el hielo.

Por otra parte, la fluctuación a que hemos aludido origina interesantes adaptaciones en el reino vegetal. La escasez de humedad determina la aparición de los vegetales xerófilos, a menudo desprovistos de hojas o casi sin ellas (caso del saksaul del Turquestán), pero a veces con abundantes reservas de agua (caso de las cactáceas o tunas). Algunas, como la rosa de Jericó de los desiertos del Asia Occidental, cuando sobreviene la época más crítica se transforman en una esfera que el viento hace rodar hasta  que encuentra una hondonada relativamente húmeda donde puede prosperar nuevamente, introduciendo sus raíces en el suelo arenoso.

La falta de humedad o su escasez determina el desierto. El exceso de calor y de humedad, las selvas ecuatoriales.
 

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